Cinco leyendas populares desconocidas que hacen parte de la tradición oral del Tolima

Blanca Álvarez, compositora y folclorista tolimense, autora del libro ‘Bajo el cielo hechizado del Tolima’. Fotos: Ilustraciones libro ‘Bajo el cielo hechizado del Tolima’ V Edición/ Q’hubo Ibagué.

Redacción Q’hubo – qhuboibague@gmail.com

Más de 33 años de labores en el magisterio le permitieron a la docente y folclorista oriunda de Purificación, Blanca Álvarez, escribir ocho libros en los cuales recopiló mitos, leyendas, espantos, creencias, tradiciones, aires autóctonos, talismaneria y costumbres de los municipios del Tolima. Su obra más destacada se titula ‘Bajo el cielo hechizado del Tolima’, un libro con seis ediciones a través del cual hizo un aporte significativo a la tradición oral de la región. Conozca cinco de estas leyendas: 

1. La Muelona

Cuenta la leyenda que durante la colonia, cientos de  mujeres españolas se dispersaron por todo el territorio y aunque muchas de ellas tenían buena reputación, otras eran gitanas corruptoras que engañaban a niñas inocentes y dejaban en la quiebra a hombres adinerados. Una de esas gitanas, conocida como ‘Maga’, se dedicó a adivinar la suerte y cuando consiguió suficiente clientela, montó un burdel donde engañaba señoritas y se encargaba de que los hombres gastaran hasta la última moneda. Al morir, una de las mujeres se metió a la casa de la ‘Maga’ para apoderarse de sus riquezas y al apagar la luz, la gitana apareció y gritó ¡Soy la muelona y juro vengarme de los hombres jugadores y perniciosos! 

2. El Guando

Hace muchos años existió un hombre avaro, terco y mal genio al que no le gustaba ayudar a su prójimo. Cuando alguien moría, los campesinos acudían a su casa para pedirle que les ayudara con el funeral, pero este se negaba y les decía que al morir lo podían arrojar al río donde los gallinazos pudieran devorar sus restos. Cuando falleció, los vecinos de aquel hombre reunieron fondos para su entierro y construyeron una camilla para cargarlo entre varios, pero se tornó extremadamente pesado y al pasar por un puente de madera, su cuerpo se cayó y se perdió entre las aguas. Desde entonces se le aparece a las personas cerca de los cementerios durante la víspera de la Fiesta de las Ánimas. 

3. El Fraile

Durante las expediciones del reino de España a Santafé eran enviados soldados con la misión de civilizar a los pobladores de cada territorio, pero muchos de estos hombres eran violentos y destruían los cultivos y los bohíos. En algunas de estas incursiones venían sacerdotes con el objetivo de administrar los sacramentos y oficiar la Santa Misa y en una de esas visitas llegó un fraile al cual le gustaba más el juego que la comida, por lo que todas las noches iba a las casas de juego y en una de esas ocasiones apostó y perdió su hábito, por lo que se quedó desnudo en el monte, de donde jamás volvió a salir por vergüenza a confesar sus pecados. Desde entonces se aparece a orillas del Magdalena a todos los que madrugan. 

4. El Silbador

La leyenda del Silbador cuenta que durante las noches, en el Tolima se oye a un espíritu maligno representado en el canto de un pájaro invisible que predice desgracias. Algunas personas afirman que se trata de un ave amiga de las brujas que cada vez que canta anuncia, por lo general, alguna muerte. Los que han logrado observarlo, dicen que es un pájaro común y corriente muy similar al Tres pies que emite desde el monte y la ribera de las quebradas un silbido largo y siniestro. Aquellas personas que lo escuchan, son por lo general a quienes les va suceder alguna tragedia, que en la mayoría de los casos es el fallecimiento de algún ser querido.   

5. La Mula de Rafles 

Cuenta la leyenda que en las llanuras del Tolima había una gran hacienda que pertenecía a un hombre conocido como Raffles, quien para obtener el hato de vacas que ostentaba, despojó de sus tierras y pertenencias a miles de indígenas. En la mansión de Rafles había, además de ganado , muchas riquezas, criados y mujeres. Con frecuencia organizaba fiestas y una de las principales atracciones de estas consistía en desollar vivos a varios terneros bravos, que debido al dolor, salían huyendo por los potreros de aquella finca. Al morir, aquel hombre derrochador e inhumano fue condenado a vagar durante todas las noches a lomo de una mula como escarmiento a los hombres parecidos a él.

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